Sesión de fotos de Primera Comunión en el Castillo de Onda: luz, emoción y recuerdos inolvidables
- Guillaume Lemarie Photographe
- 11 jun
- 4 min de lectura

Descubriendo un escenario lleno de historia y belleza
Hay lugares que tienen una energía especial. Lugares donde la historia, la naturaleza y la luz se unen para crear escenarios únicos. Así fue mi primera visita al Castillo de Onda, un lugar que tuve la oportunidad de descubrir gracias a la sesión de fotos de Primera Comunión de Lucas.
Para llegar hasta allí tuve que realizar un viaje de aproximadamente una hora y media. Aunque el trayecto fue largo, bastaron apenas unos minutos al llegar para entender que había merecido completamente la pena. La inmensidad del castillo, la fuerza de sus murallas y las impresionantes vistas sobre todo el municipio de Onda convierten este lugar en un escenario espectacular para una sesión fotográfica.
Desde lo alto del castillo, el paisaje se abre ante nosotros creando una sensación de calma y contemplación. Hay algo muy especial en fotografiar a un niño en un lugar cargado de tanta historia, con un horizonte infinito de fondo y la naturaleza rodeándolo todo. Cada imagen adquiere una dimensión diferente, más pausada y atemporal.

Una luz de primavera perfecta para crear imágenes únicas
La sesión tuvo lugar en una preciosa tarde de primavera. El cielo alternaba momentos de sol con el paso de algunas nubes, un regalo para cualquier fotógrafo. Esta combinación de luz permitió crear fotografías muy luminosas, con contrastes marcados y una atmósfera natural que realzaba tanto los paisajes como la expresión de Lucas.
La luz cambiante durante la tarde aportó diferentes matices a cada fotografía. En algunos momentos, el sol iluminaba con fuerza las antiguas piedras del castillo; en otros, las nubes actuaban como un difusor natural creando una luz más suave y envolvente.

Lucas: alegría, espontaneidad y mucha personalidad
Desde el primer momento, Lucas me conquistó con su personalidad. Es un niño alegre, simpático y lleno de picardía. Tiene esa capacidad de convertir cualquier momento en un juego y de regalar sonrisas completamente auténticas.
Para mí, ese es precisamente el objetivo de una sesión de Primera Comunión: no solo retratar un traje bonito o una fecha importante, sino mostrar la esencia del niño, su carácter, sus gestos y esa etapa de su vida tal y como es.
Durante la sesión no buscamos poses rígidas ni expresiones forzadas. Mi forma de trabajar se basa en crear un ambiente relajado donde los niños puedan sentirse cómodos, moverse libremente y disfrutar de la experiencia. Con Lucas fue muy fácil porque su energía y su naturalidad llenaban cada rincón del castillo.

La riqueza de los espacios y el juego de las perspectivas
A lo largo del recorrido fui variando los puntos de vista para aprovechar la riqueza arquitectónica del lugar. Las antiguas paredes de piedra, los pasillos, las zonas abiertas y los diferentes niveles del castillo ofrecían una enorme variedad de escenarios.
Uno de los rincones que más me sorprendió fue la bonita pasarela situada en el recinto. Sus líneas y su estructura crean perspectivas muy interesantes desde el punto de vista fotográfico. Allí pude jugar con las formas, las simetrías y las líneas de fuga para crear imágenes más gráficas y artísticas, combinando la elegancia del entorno con la espontaneidad de Lucas.
Cada espacio del castillo ofrecía una nueva posibilidad creativa: desde retratos más íntimos hasta imágenes amplias donde la majestuosidad del lugar cobraba protagonismo.


La emoción de una madre y una abuela viendo crecer a Lucas
Más allá del escenario y de las fotografías, uno de los aspectos más bonitos de esta sesión fue la presencia de su familia. Lucas vino acompañado por su madre y su abuela, dos personas que vivieron cada instante con una emoción enorme.
Mientras fotografiaba a Lucas, podía observar sus miradas llenas de orgullo, sus sonrisas discretas y esos pequeños gestos que dicen mucho más que las palabras. La Primera Comunión es un momento muy especial no solamente para los niños, sino también para toda la familia.
Por eso me gusta que los padres y familiares formen parte de la experiencia, aunque muchas veces estén detrás de la cámara observando en silencio. Ellos también están construyendo ese recuerdo.
Más que una sesión de fotos de Primera Comunión: un recuerdo para toda la vida
Cada fotografía de esta sesión cuenta una pequeña parte de la historia de Lucas: su sonrisa traviesa mientras juega entre las piedras del castillo, sus momentos de calma observando el paisaje desde lo alto de la muralla y sus miradas espontáneas.
Una sesión de Primera Comunión no tiene por qué ser algo estático. Creo que las mejores imágenes aparecen cuando dejamos espacio para la naturalidad, cuando permitimos que el niño explore el lugar, corra, juegue y se sorprenda con todo lo que le rodea.
Esta sesión también me recordó lo importante que es descubrir nuevos lugares como fotógrafo. Llegar a un espacio que no conocía me permitió observarlo con curiosidad, buscando nuevas composiciones, luces y encuadres. Esa sensación de descubrimiento hizo que cada fotografía tuviera algo todavía más especial.
Al finalizar la tarde y revisar las imágenes, confirmé la sensación que había tenido durante toda la sesión. Habíamos conseguido crear una colección de fotografías llenas de vida, emoción y personalidad.
Quiero agradecer a Lucas, a su madre y a su abuela la confianza depositada en mí y haber compartido conmigo una tarde tan especial en un entorno tan mágico como el Castillo de Onda.
Si estás buscando una sesión de fotos de Primera Comunión natural, elegante y emotiva, donde los niños puedan ser ellos mismos y cada imagen refleje su verdadera personalidad, estaré encantado de acompañaros para crear recuerdos que perduren para siempre.

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