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Sesión de fotos con toda sencillez en Valencia

14 ago
4 min de lectura

El pack "la esencia": imágenes naturales, luz y, sobre todo, momentos reales

Hay sesiones de fotos que no necesitan exagerar. Sin decorados espectaculares, sin poses complicadas, sin un guion preparado de antemano. Solo una pareja, su día a día, luz natural y el deseo de conservar un recuerdo sincero de un momento importante.

Ese es exactamente el espíritu de La Esencia, un formato de sesión de fotos en Valencia que me gusta especialmente por su sencillez y autenticidad.

Por 90 €, el pack puede desarrollarse en dos momentos: una primera parte de unos 30 minutos directamente en el apartamento de los clientes, aprovechando la luz natural, y después un pequeño paseo de unos 15 minutos por el Jardín del Turia, uno de los grandes espacios verdes de Valencia. Dos lugares, dos ambientes, pero una misma idea: contar algo real.



Una sesión que comienza en casa

Para esta sesión conocí a Cora, embarazada, acompañada por su pareja y su perro. Desde mi llegada, el ambiente fue relajado. Nos presentamos, intercambiamos unas palabras y, sobre todo, nos tomamos el tiempo necesario para explicar cómo iba a desarrollarse la sesión.

Les expliqué que no iba a pedirles que reprodujeran poses predeterminadas ni que interpretaran un papel delante de la cámara. Prefiero observar, buscar la luz, elegir un encuadre y dejar que las cosas sucedan de forma natural.

Es una manera de fotografiar que puede parecer muy sencilla, pero que en realidad requiere mucha atención.

Hay que estar presente. Observar los gestos, las miradas, los pequeños movimientos. Saber cuándo disparar y, a veces, saber esperar unos segundos más.

Mi objetivo es que las fotografías transmitan la sinceridad y la dulzura del momento presente.

En el apartamento, la luz natural se convierte en nuestra principal herramienta. Una ventana, un sofá, una habitación, unos pocos metros cuadrados pueden ser más que suficientes para contar una historia. No es necesario tener un interior perfecto ni una decoración pensada para las fotografías. Al contrario, los detalles de la vida cotidiana ayudan a que las imágenes sean personales.



Poco a poco, la confianza aparece

Al principio de una sesión de fotos suele haber un pequeño periodo de adaptación. Incluso cuando estamos cómodos juntos, tener una cámara delante puede provocar cierta tensión.

Pero poco a poco, las cosas cambian.

Hablamos, nos movemos y progresivamente se olvidan de la cámara. Los gestos se vuelven más naturales, las miradas más espontáneas. Los clientes empiezan a dejarse llevar y yo puedo concentrarme todavía más en lo que realmente me interesa: la luz, las emociones y la relación entre las personas.

Es entonces cuando las imágenes empiezan realmente a cobrar vida.

Mi papel no es crear una escena espectacular. No busco la grandilocuencia. Prefiero encontrar la intimidad de la pareja, los pequeños gestos, la cercanía, las sonrisas discretas y esa manera particular que tienen dos personas de mirarse cuando simplemente están juntas.

En una sesión de embarazo, este enfoque tiene todavía más sentido. Ya hay mucha emoción en esta etapa de la vida. No es necesario añadir nada más.

A veces basta con una mano apoyada sobre el vientre, una mirada, una carcajada o un momento de ternura para contar muchísimo.




Del salón al Jardín del Turia

Después de esta primera parte en casa, nos dirigimos al Jardín del Turia.

Valencia ofrece un escenario ideal para este tipo de sesión. El Jardín del Turia atraviesa la ciudad y permite pasar rápidamente de un entorno urbano a espacios mucho más verdes y tranquilos.

La segunda parte de la sesión es intencionadamente corta, unos 15 minutos. La idea no es multiplicar los lugares, sino simplemente cambiar de ambiente y aprovechar otra luz.

Las fotografías se vuelven todavía más relajadas. Caminamos, hablamos y disfrutamos del momento. Una vez más, no hacen falta poses complicadas.

La vegetación aporta una dimensión diferente a las imágenes. Los árboles, los caminos, los espacios abiertos y la luz que atraviesa las hojas añaden de forma natural profundidad y autenticidad.

Y, como siempre, sigo muy atento a la luz.

Una buena fotografía no depende necesariamente de un lugar extraordinario. Una luz suave en el lugar adecuado puede transformar una escena muy sencilla en una imagen especial.



Conservar solo lo esencial

Después de la sesión, hago una selección previa de las mejores fotografías. Los clientes pueden entonces elegir 20 imágenes entre esta selección.

A continuación, me tomo el tiempo necesario para trabajar cada una de esas 20 fotografías. La edición se realiza durante la semana siguiente a la sesión, prestando especial atención a los tonos, la luz y la armonía general de las imágenes.

La idea no es transformar la realidad, sino ponerla en valor.

Quiero que, muchos años después, estas fotografías todavía puedan evocar aquel momento: su apartamento, su perro, este embarazo, Valencia, un paseo por el Turia… y, sobre todo, lo que sentían en ese momento.



La Esencia es, ante todo, una experiencia sencilla

En definitiva, esto es lo que más me gusta de este tipo de sesión.

No hace falta esperar una ocasión extraordinaria para crear imágenes bonitas. La belleza puede estar en un apartamento lleno de luz, en una risa compartida, en un paseo entre los árboles o en un gesto de ternura.

La Esencia es una sesión pensada para quienes desean fotografías naturales, sinceras y atemporales, sin artificios y sin presión.

En Valencia, entre la calidez de un hogar y la naturaleza del Jardín del Turia, a veces solo hace falta tomarse un poco de tiempo para mirar de verdad.

Mirar la luz.

Mirar los vínculos que existen entre dos personas.

Y simplemente dejar que el momento presente cuente su propia historia.

 
 
 

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